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Cardiología y prevención cardiovascularMedicina InternaInsuficiencia cardiacaFracción de eyección reducidaDigitoxinGlucósidos cardíacos

DIGIT-HF: el digitoxin reduce el riesgo combinado de muerte u hospitalización por insuficiencia cardiaca

Bavendiek U · NEJM · EudraCT 2013-005326-38 · 10.1056/NEJMoa2415471
Artículo original publicado: 25 de septiembre de 2025
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Referencia y registro

El primer autor es Bavendiek U, y el estudio se publicó en NEJM en 2025 (factor de impacto: consultar aparte), con registro bajo el número EudraCT 2013-005326-38; el ensayo no cuenta con un número NCT propio, y el número NCT03783429 que aparece en el material corresponde a un ensayo distinto sobre digoxina (DECISION), mencionado solo como parte de un metaanálisis conjunto planeado. El financiamiento provino de fondos públicos: una subvención (01KG1303/01KG1907) del Ministerio Federal Alemán de Investigación, Tecnología y Espacio, más aportes de una fundación cardiológica alemana y de la Fundación Alemana del Corazón. El artículo no reporta financiamiento ni suministro del fármaco de estudio por parte de ninguna empresa farmacéutica, y ningún fabricante de digitoxin figura entre los patrocinadores declarados. En cuanto a conflictos de interés, el autor de correspondencia y último autor declaró actividades de consultoría remuneradas con numerosas compañías farmacéuticas y de dispositivos médicos, entre ellas fabricantes de anticoagulantes, antidiabéticos y dispositivos de electrofisiología, pero ninguna de ellas fabricante de digitoxin. El primer autor declaró que la fundación cardiológica alemana y el propio ministerio de investigación financiaron específicamente este ensayo, además de honorarios por conferencias y participación en consejos asesores con varias farmacéuticas, tampoco vinculadas a la fabricación del digitoxin utilizado. El resto de los coautores declaró honorarios por conferencias o consultorías con diversas compañías, sin que ninguna tuviera relación con el fabricante del fármaco de estudio.

Pregunta de investigación

Se incluyeron adultos con insuficiencia cardiaca crónica sintomática y fracción de eyección del ventrículo izquierdo del 40% o menos con clase funcional III o IV de la New York Heart Association, o del 30% o menos con clase funcional II, que ya recibían tratamiento basado en evidencia para insuficiencia cardiaca durante al menos 6 meses, reclutados en 65 centros de Alemania, Austria y Serbia. El artículo no reporta la raza o el grupo étnico de los participantes, dato que no se recoge por normativa en estos países europeos. La intervención fue digitoxin oral, en comprimidos de apariencia idéntica al placebo, comenzando con una dosis de 0.07 mg una vez al día; a las 6 semanas se medía en un laboratorio central, de forma ciega, la concentración sérica del fármaco, y si quedaba fuera del rango objetivo de 8 a 18 nanogramos por mililitro, la dosis se ajustaba a 0.05 o 0.1 mg diarios según un algoritmo predefinido, mientras que en el grupo placebo los ajustes de dosis se asignaron de forma aleatoria para preservar el cegamiento. El comparador fue placebo oral de apariencia idéntica, con el mismo esquema simulado de ajuste de dosis. Ambos grupos recibieron, además, tratamiento estándar según las guías vigentes de insuficiencia cardiaca, que incluía betabloqueantes, inhibidores del sistema renina-angiotensina (incluidos los inhibidores de la neprilisina), antagonistas del receptor de mineralocorticoides, inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2 y, cuando estaba indicado, dispositivos como el desfibrilador automático implantable o la terapia de resincronización cardiaca. El desenlace evaluado fue la combinación de muerte por cualquier causa u hospitalización por insuficiencia cardiaca que empeora, lo que ocurriera primero. La hipótesis de los investigadores era que el digitoxin, por su eliminación preferentemente hepática, mantendría concentraciones séricas más estables que la digoxina incluso en pacientes con deterioro renal, lo que permitiría demostrar un beneficio clínico sumado al tratamiento moderno de la insuficiencia cardiaca. El diseño fue un ensayo clínico aleatorizado internacional, de fase 4, doble ciego, controlado con placebo, de superioridad, de grupos paralelos: internacional porque se realizó en tres países europeos, lo que mejora la representatividad en distintos sistemas de salud; doble ciego porque ni los pacientes ni el equipo tratante conocían la asignación, incluidos los ajustes de dosis; y de superioridad porque buscaba demostrar que el digitoxin era mejor que el placebo, no simplemente no inferior.

Diseño metodológico

La arquitectura fue de grupos paralelos, sin cruce entre los brazos de tratamiento. La aleatorización se realizó en proporción 1:1, estratificada por sexo, clase funcional NYHA, centro de reclutamiento, presencia o ausencia de fibrilación auricular, y tratamiento previo con glucósidos cardiacos, aunque esta última variable, por el escaso número de pacientes con ese antecedente, no se incluyó finalmente en los análisis; esta estratificación reduce el riesgo de sesgo de selección al equilibrar variables pronósticas desde el inicio. El cegamiento se mantuvo incluso en los ajustes de dosis simulados del grupo placebo, aunque hubo un episodio de desenmascaramiento en 54 pacientes del grupo digitoxin y 28 del grupo placebo, lo que introduce un riesgo de sesgo de detección leve y algo mayor en el grupo activo, de magnitud limitada frente al total de participantes. El cálculo de tamaño de muestra original preveía 2190 pacientes y 734 eventos para alcanzar 80% de poder, pero el reclutamiento fue mucho más lento de lo previsto. Siete enmiendas de protocolo ampliaron la duración del reclutamiento e incorporaron centros adicionales; aun así, el ensayo finalizó con apenas 1240 pacientes aleatorizados, muy por debajo del objetivo original, lo que representa una pérdida sustancial de poder estadístico. Ante esta situación, el comité decidió renunciar al análisis intermedio planeado y evaluar el análisis final con el error tipo I completo de 0.05. El poder estadístico finalmente alcanzado con 1240 pacientes fue menor al 80% originalmente calculado, aunque el estudio de todas formas detectó una diferencia estadísticamente significativa en el desenlace primario, lo que sugiere que el efecto observado fue de magnitud suficiente para superar la limitación de tamaño muestral. El análisis se realizó por intención de tratar modificada, definida como todos los aleatorizados que recibieron al menos una dosis del fármaco o placebo asignado, excluyendo a quienes nunca lo tomaron, lo que preserva en gran medida el balance logrado por la aleatorización.

Población estudiada

De 1240 pacientes aleatorizados, 1212 conformaron la población de análisis por intención de tratar modificada: 613 en el grupo digitoxin y 599 en el grupo placebo, tras excluir a 25 pacientes que nunca tomaron el fármaco o placebo asignado y a 3 pacientes de un centro cerrado por incumplimiento de estándares de calidad en la conducción del ensayo. Los criterios de inclusión exigían ser adulto de al menos 18 años, con insuficiencia cardiaca crónica sintomática y fracción de eyección reducida según los umbrales y clases funcionales descritos en la intervención, con al menos 6 meses de tratamiento basado en evidencia para insuficiencia cardiaca. En las características basales, la edad media fue de 66 años en ambos grupos, con cerca de 20% de mujeres. La mayoría de los pacientes, alrededor de 70%, tenía clase funcional NYHA III o IV, es decir, síntomas que limitan de forma importante la actividad física o que están presentes incluso en reposo, lo que retrata una población con mayor carga de síntomas que la de otros ensayos recientes de insuficiencia cardiaca. La fracción de eyección media fue de 28 a 29%, y 27% de los pacientes tenía fibrilación auricular. La tasa de filtración glomerular estimada promedio fue de 65 ml por minuto por 1.73 metros cuadrados, con más del 40% de los pacientes con función renal ya reducida; este dato es relevante porque el metabolismo preferentemente hepático del digitoxin, a diferencia de la digoxina, evita que el fármaco se acumule en estos pacientes. El tratamiento de base fue robusto: más del 93% recibía betabloqueante e inhibidor del sistema renina-angiotensina, cerca de 40% recibía un inhibidor de la neprilisina, 76% un antagonista de mineralocorticoides y cerca de 19% un inhibidor del cotransportador sodio-glucosa tipo 2, además de que más de 64% tenía un desfibrilador implantable y 25% terapia de resincronización. Los grupos resultaron comparables en todas estas variables, lo que sugiere que las diferencias observadas en el desenlace no se explican por un desbalance basal en la gravedad ni en el tratamiento de fondo. El estudio se realizó en consultas y hospitales de cardiología de 65 centros en Alemania, Austria y Serbia. El reclutamiento se extendió entre el 4 de mayo de 2015 y el 29 de septiembre de 2023, un periodo mucho más largo de lo planeado originalmente debido al enlentecimiento que motivó las siete enmiendas al protocolo. El seguimiento tuvo una mediana de 36 meses, con un rango de 0 a 110 meses, y la mediana de duración del tratamiento fue de 18 meses, con un rango de 0 a 107 meses; la fecha final de recolección de datos para el periodo doble ciego fue el 29 de noviembre de 2024.

Desenlaces

El desenlace primario fue la combinación de muerte por cualquier causa o primera hospitalización por insuficiencia cardiaca que empeora, lo que ocurriera primero, evaluada mediante superioridad; es un desenlace clínicamente relevante y no un marcador subrogado, ya que combina dos eventos que importan directamente al paciente. Los desenlaces secundarios clave fueron la muerte por cualquier causa, evaluada mediante no inferioridad para descartar un efecto perjudicial del digitoxin sobre la supervivencia, y el número total de eventos de muerte y hospitalización por insuficiencia cardiaca combinados, evaluado como recuento total y no solo como el primer evento; ambos son desenlaces clínicamente relevantes. Otros desenlaces secundarios incluyeron la muerte cardiovascular, la muerte no cardiovascular, la muerte por insuficiencia cardiaca, la muerte súbita de causa cardiaca, la hospitalización por causas cardiovasculares, la hospitalización por causas no cardiovasculares, cualquier hospitalización, y la combinación de muerte cardiovascular u hospitalización por insuficiencia cardiaca; todos son desenlaces clínicos relevantes, sin marcadores de laboratorio entre ellos, aunque su número resta especificidad a los hallazgos individuales al no ajustarse la significancia estadística según pruebas múltiples. La seguridad se evaluó mediante las concentraciones séricas de digitoxin, los eventos adversos y los eventos adversos graves, con atención particular a reacciones adversas graves inesperadas relacionadas con el fármaco o el placebo.

Resultados

El desenlace primario ocurrió en 242 pacientes (39.5%; 12.8 eventos por 100 pacientes-año) con digitoxin frente a 264 (44.1%; 15.7 eventos por 100 pacientes-año) con placebo (razón de riesgo instantáneo 0.82; IC 95%, 0.69-0.98; P=0.03). Con las cifras de riesgo absoluto que reporta el propio artículo, la diferencia de riesgo fue de 4.6 puntos porcentuales, y el estudio ya calculó que serían necesarios tratar 22 pacientes con digitoxin, con un error estándar de 14, para evitar un evento del desenlace primario durante el periodo del ensayo: aproximadamente 1 de cada 22 pacientes tratados se benefició directamente de recibir digitoxin en lugar de placebo. La muerte por cualquier causa no mostró diferencia significativa como desenlace independiente: 167 pacientes (27.2%) con digitoxin frente a 177 (29.5%) con placebo (razón de riesgo instantáneo 0.86; IC 95%, 0.69-1.07), aunque sí se demostró la no inferioridad del digitoxin frente al placebo en mortalidad, con un margen predefinido de razón de riesgo no mayor a 1.303 (P<0.001 para no inferioridad); es decir, el digitoxin no perjudica la supervivencia, pero tampoco demostró prolongarla por sí solo con significancia estadística. La primera hospitalización por insuficiencia cardiaca que empeora tampoco alcanzó significancia como componente aislado: 172 pacientes (28.1%) con digitoxin frente a 182 (30.4%) con placebo (razón de riesgo instantáneo 0.85; IC 95%, 0.69-1.05). El número total de muertes y hospitalizaciones por insuficiencia cardiaca combinadas fue de 537 eventos con digitoxin frente a 531 con placebo (razón de tasas 0.85; IC 95%, 0.67-1.09; P=0.20), sin diferencia significativa. El resto de los desenlaces secundarios mostraron razones de riesgo numéricamente a favor del digitoxin, entre 0.84 y 0.97, pero ninguno alcanzó significancia estadística de forma aislada. En seguridad, se registró al menos un evento adverso grave en 29 pacientes (4.7%) con digitoxin frente a 17 (2.8%) con placebo, con una diferencia de riesgo de 1.89 puntos porcentuales (IC 95%, -0.25 a 4.04, sin alcanzar significancia estadística), la mayoría trastornos cardiacos (21 pacientes con digitoxin frente a 11 con placebo). Dentro de estos, la fibrilación ventricular grave se presentó en 10 pacientes (1.6%) con digitoxin frente a 3 (0.5%) con placebo, un desequilibrio que, aunque tampoco alcanzó significancia formal (diferencia de riesgo 1.13 puntos porcentuales; IC 95%, -0.02 a 2.28), conviene vigilar dado que los glucósidos cardiacos son arritmogénicos en dosis excesivas. Cualquier evento adverso, grave o no, ocurrió en 60.2% del grupo digitoxin frente a 56.9% del grupo placebo, con trastornos cardiacos como categoría más frecuente en ambos grupos (24.0% frente a 21.0%). El tratamiento se discontinuó por eventos adversos en 56 pacientes (9.1%) del grupo digitoxin y 61 (10.2%) del grupo placebo, es decir, sin exceso de discontinuaciones con el fármaco activo, y no se reportaron muertes atribuidas directamente a toxicidad por digitoxin entre los eventos adversos graves. En cuanto a abandonos, se perdieron para el seguimiento 17 pacientes (2.8%) con digitoxin y 8 (1.3%) con placebo; el digitoxin o el placebo se discontinuó por razones distintas a la muerte en 361 pacientes (58.9%) del grupo activo y 330 (55.1%) del grupo placebo, una proporción considerable en ambos brazos que, según destacan los propios autores, no impidió detectar el beneficio del digitoxin, lo que sugiere que su efecto podría persistir incluso después de suspendido. Los análisis de subgrupos preespecificados mostraron un efecto del digitoxin sobre el desenlace primario consistente en la mayoría de las categorías evaluadas (sexo, clase funcional, fibrilación auricular, región geográfica, edad, fracción de eyección, causa de la insuficiencia cardiaca, y uso de distintos fármacos y dispositivos de base), con razones de riesgo entre 0.57 y 1.03 según el subgrupo; los autores destacan que este análisis carece de poder estadístico suficiente para conclusiones definitivas dado su carácter exploratorio, y aunque el beneficio pareció numéricamente mayor en pacientes con presión arterial sistólica baja, sin hipertensión, sin desfibrilador implantable o con causa no isquémica, se trata de comparaciones dentro de un análisis preespecificado en su totalidad que, al no ser el foco primario del estudio, solo generan hipótesis para investigación futura y no deben interpretarse como evidencia definitiva de mayor beneficio en esos subgrupos.

Evaluación crítica del riesgo de sesgo

El ensayo tiene tres fortalezas principales: el diseño doble ciego mantenido incluso durante los ajustes de dosis simulados, que reduce el sesgo de desempeño y detección; la adjudicación ciega de los eventos del desenlace primario por un comité independiente; y el seguimiento prolongado, con una mediana de 36 meses, que permite capturar eventos tardíos relevantes en una enfermedad crónica. Entre las limitaciones, también tres: el reclutamiento alcanzó apenas 1240 de los 2190 pacientes originalmente calculados, lo que introduce un riesgo real de que el estudio quedara subalimentado para algunos desenlaces secundarios y para los análisis de subgrupos; la exclusión de tres pacientes de un centro cerrado por incumplimiento de estándares de calidad en la conducción del ensayo, una desviación de protocolo limitada en número pero relevante de mencionar; y el desenmascaramiento ocurrido en 54 pacientes del grupo digitoxin frente a 28 del grupo placebo, un desbalance que podría introducir cierto sesgo de detección hacia una interpretación distinta del estado clínico en el grupo activo. La validez interna se sostiene en la aleatorización estratificada y el análisis por intención de tratar modificada. La validez externa está limitada por tratarse de una población europea, sin representación de otras regiones del mundo, y los hallazgos no pueden extrapolarse a otros glucósidos cardiacos como la digoxina, cuyo perfil de eliminación renal difiere del digitoxin.

Conclusión

En pacientes con insuficiencia cardiaca crónica y fracción de eyección reducida que ya reciben tratamiento moderno dirigido por guías, añadir digitoxin a dosis bajas y monitorizadas reduce el riesgo combinado de morir o de ser hospitalizado por insuficiencia cardiaca. El digitoxin gana en el desenlace combinado, pero no en la mortalidad aislada: es una distinción que conviene tener presente al comunicar el hallazgo, porque el estudio no permite concluir, con significancia estadística propia, que el fármaco reduzca por separado la muerte o las hospitalizaciones. Lo que sí demuestra con solidez es que el digitoxin, administrado con un esquema simple de ajuste según concentración sérica, no fue inferior al placebo en seguridad de mortalidad y sí superior en el desenlace combinado de muerte u hospitalización por insuficiencia cardiaca.

Artículo original
https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2415471

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